Poetas del mundo Dolores Sevilla Pérez


Yo y mi hijo en el bando de la huerta 

Dolores Sevilla Pérez, nació en Murcia en 1928. En palabras de su hijo y también escritor, Emilio Estrella Sevilla, durante un homenaje a su madre, Dolores, dese muy niña aprendió a conocer y valorar la escritura de la mano de su padre Alberto Sevilla, Dolores vivió aquella huerta de la que ya poco queda, escucho a las cavernas en los quijeros de las ciecas cuando estas aún llevaban pescaos y los zagales se bañaban junto a los cañares. En cuanto a la labor literaria, puedo decir que se ha desarrollado principalmente en el campo poético, alternando la utilización del lenguaje de la huerta con el castellano dicho a nuestro modo. En el mismo homenaje, Dolores aclaraba sobre el lenguaje de la huerta que ,2he puesto buen cuidado de no exagerar dicho lenguaje, pues no me parece razonable ni ético lo que , en ocasiones, se hace hoy en día, deformando y destrozando caprichosamente la lengua que hablaron nuestros mayores..."En 2005 año de su muerte, sus hijos editaron una recopilación de sus obras tanto en castellano como en Murciano, titulada "Canciones nuevas de sentires viejos". De este libro, en su capítulo
"Cómo hablaban mis abuelos" se ja seleccionado el siguiente poema:

Del libro
Juan José Navarro Avilés


Murcianos

Mañanica, mañanica
mañana del mes de marzo,
con prefumes de alarises,
de clavellinas y nardos.

Mañana de primavera
en que riendo y llorando
se funde la alegre fiesta
con los ricuerdos lejanos.

Dejarme, dejar que us ponga
las arracás de topacios,
la mantellina, la crus,
el delantal y el refajo

y campando junto al moño
en la peineta espetaos
un pomico de jazmines
y in clavel aceplanao.

Y a vusotros quiero veros
como varales gallardos
con camisa almidoná
el pañolico anudao,
la bolsica de las artes
con la yesca y el tabaco,
el zaragüel con la faja
y la manta de Espinardo.
¡Ay, que arbullosa qu`estoy
de veros a tos tan majos!
¡Naide vido mejor fiesta,
ni más alegres güertanos!

¡Andaver, Murcia us espera,
mirar que quiere miraros
llenando sus nuevas calles
con los colores de antaño---!
Yo bien sé que vuestra cuna
no se abruzó entre naranjos,
ni a la sombra de una parra
disteis los primeros pasos.
¿Pero quién es esta tierra
no desciende de güertanos?
¿Y quien no lleva en el alma
como en sagrario guardaos
los repiques d`esta torre
con los tornos d`esos campos?

Por eso si hoy us llamaran
señoritos disfrazados,
 decir: Señoritos no
Señores, porque llevamos
corriendo por nuestras venas
serena y borboteando,
la sangre noble y bravía
de cien señores güertanos.

Poetas del Mundo Vicente Medina-La barraca



Vicente Medina Tomás. Archena (Murcia), 27 de octubre de 1866 - Rosario de Santa Fe (Argentina), 17 de agosto de 1937

La barraca
De niño vendedor de libros a joven soldado
    El día 27 de octubre de 1866, festividad de San Vicente, nació en Archena, concretamente en la Plaza del Príncipe, Vicente Medina Tomás, hijo de una familia muy humilde. Su padre, Juan de Dios, era jornalero y su madre, Joaquina, tenía que ayudar al sostenimiento del hogar cosiendo en una sastrería.
    Su padre fue molinero, leñador, cartero y un sin fin de oficios más. Finamente fue contratada como camarero en alguna oficina del Balneario de Archena, y en vista de su gran afición a los libros, el administrador del balneario le aconsejó que pidiese algunos a Madrid y pusiese en el balneario un puestecillo de libros y periódicos. Fue precisamente por este motivo por el que Vicente Medina se aficionó a la lectura. En las temporadas en las que cerraban los Baños, acompañaba a su padre por los pueblos, vendiendo libros y periódicos.
    A los trece años de edad fue a Madrid a trabajar como servidor de un procurador de tribunales, lugar del que regresó a su pueblo natal para seguir vendiendo libros. A los dieciocho años ingresó en el ejército en San Fernando (Cádiz), donde alcanzó el grado de cabo de Infantería, siendo destinado después a la Capitanía General de Cartagena. Una vez allí, visitó las Islas Baleares y Barcelona a bordo de la fragata "Numancia", coincidiendo con la celebración de la Exposición Universal. Con el fin de viajar y descubrir mundo, se presentó voluntario para zarpar hacia Filipinas, donde estuvo poco más de un año. Fue precisamente en Manila donde se publicaron por primera vez unos versos suyos que firmaba con el seudónimo de "M. Nadie".
Estancia en Cartagena y primeras obras literarias
    De vuelta de las posesiones españolas en el Pacífico, se licencia en 1890 para regresar a Archena con el fin de abrir un pequeño comercio de tejidos, pero la mala marcha del mismo hizo que se cerrara. Decidido a emigrar hacia Orán, como muchos compatriotas suyos en aquella época, salió nuevamente con destino a Cartagena, con el fin de embarcar para Argelia. Pero una vez allí consigue encontrar trabajo en el Arsenal y en una oficina comercial. Será en esta ciudad portuaria donde publique los primeros poemas con su nombre, en la revista El Álbum. Estos versos fueron reconocidos por algunas de las figuras literarias del momento, como Clarín o Valera. También publica colaboraciones en El Diario de Cartagena, El Republicano, o Las Noticias.
    En 1891 Vicente Medina contrajo matrimonio con Josefa Sánchez Vera.
    En 1895 publica su primera obra con el título de Náufrago, que cosechó buenas críticas. Poco tiempo después escribe El Rento, un drama en el lenguaje huertano. En 1898 edita Aires Murcianos, que eleva su fama a nivel nacional.
    Ante el éxito que cosecha, decide escribir y editar sus propias obras de teatro con la finalidad de que le reporten algunos beneficios, al tiempo que desempeñaba el oficio de cronista de Cartagena. A pesar del prestigio que alcanzó, la escasez económica lo empujó de nuevo a emigrar y, en 1908, partió rumbo a Argentina, concretamente hacia Buenos Aires.
Su primera experiencia en América
    Al llegar a Buenos Aires decidió que era una ciudad demasiado grande para él y se trasladó a Rosario de Santa Fe, lugar donde a través de diversos empleos bien remunerados, consigue cierto bienestar económico. Estos ingresos le permitieron ser terrateniente, e imitar en su finca Hume la huerta murciana. No volvió a publicar nada hasta que dos desgraciados sucesos le llevan a ello: el inicio de la Primera Guerra Mundial y la muerte de su mujer. En 1915 publica La Canción de la Guerra, un canto al dolor producido por la guerra, y en 1921 el libro Compañera, una serie de poemas de gran tristeza por la pérdida de su esposa.
    Con motivo de la vuelta a la actividad literaria, Vicente Medina desarrolló una gran labor editorial, que se tradujo en la fundación de la revista Letras y en su presencia en conferencias y recitales.
    En 1924 causó baja en la empresa Remonda y Monserrat debido a problemas de salud. Pero en 1926 la empresa cambió de dueños y en una auditoría se descubrió un desfalco del que fue acusado. El poeta fue condenado a cuatro años de prisión atenuada en el Parque de Bomberos de Rosario.
Su regreso a casa y el viaje final a Argentina
    Tras cumplir condena recibe una invitación para dar una conferencia en París. Aprovechó este viaje para volver a su tierra natal en 1931.
    Es recibido con homenajes en Archena, Murcia y Cartagena. Los años siguientes los pasó en su localidad natal, donde compró una casa y se instaló. Allí participó activamente en la vida política republicana y apoyó al Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.
    Poco antes de comenzar la Guerra Civil volvió a Argentina. Llegó enfermo y murió el 17 de agosto de 1937, alejado de la tierra que fue centro de su mejor poesía.



La Barraca

A la orilla del río
y mirándose en el agua
está como satisfecha
y orgullosa mi barraca...
A mí me entra pena, a veces
y digo al considerarla;
¡Cerca está del que la vida
la da, igualico que mata!

Entre alamos y cañares
y limoneros y parras:
con las paëres de atobas
abrigas con arcazabas
y con el techo de sisca
y con las puertas de caña
agachá bajo una higuera
grande que töa la tapa
y acurrucá, ¡propiemente
páece un nío mi barraca!

La he revocäco de yeso
y está que la vista encanta:
tó lo que tiene de humilde
tienede limpia y de blanca,
y mi mujer ha hecho de ella
una tacica de plata:
El cantarero reluce
la cantarica tresmana
fresca y como un sol de limpia
que abre de beber las ganas...
la espetera y la platera
de emperigilás se saltan...
las sillas y la mesica
sin polvo y sin una mancha...
debajico del jarrero
sus macetas con alábegas...
¡y , como un altar de ilesia,
en un laïco la cama
con sus encajes de nieve
y su cobertor de grana!...

Yo no envidio los palacios
que en las ciudades levantan,
que en ellos, con ser tan grandes,
el corazón se me aplana
y, en cambio, en mi barraquica,
que es tan pequeña, se ensancha...

Tomando el fresco en verano
a la sombrica e la parra:
tomando el sol en invierno
al amparo e la barraca,
con la concencia tanquila
¡qué a gusto las horas pasan!...

Tan hermosa está la huerta
que páece una moza maja,
y tan heroso está el cielo
que deja la huerta a zaga...
A descansar del trabajo,
con el que mi pan se gana,
(que el pan que se come el pobre
siempre con sudor se amasa),
me siento junto la puerta
y, cogiendo mi guitarra,
pienso que, pa mí, en el mundo
tó se encierra en mi barraca...

                                                  ¡Ay de mí si crece el río
                                  y se lleva mi barraca!...
                                  ¡ Ay de mi, si tu querer
                                  se lo lleva una mudanza!...

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