El Castellano y sus dialectos



El Castellano y sus dialectos

Sánchez Albornoz expuso que Alfonso I y Fruela I fortificaron una región que era decisiva para la defensa de sus tierras; región que era cruzada por dos grandes vías romanas: Una que iba a Cantabria por el puerto del Escudo y otra que se dirigía a la costa de autrigonia por el valle de Mena, esta regios se llamó "Castilla" y debió fortificarse a mediados del siglo VIII. La lengua de esta zona fue un elemento decisivo para quedar con un criterio personal y preponderante con respeto a otras lenguas peninsulares.
El Castellano nació en la zona cántabra. Los primeros textos que se conservan datan del siglo X y son unas glosas escritas en los conventos de San Millán, en la Rioja, y en el de Silos, en Castilla.
Ambas glosas son unas explicaciones ocasionales que un monje fue poniendo al margen, entre líneas de libros latinos, para facilitar a los lectores la lectura de vocablos y frases de la lengua eclesiástica.

La región del nacimiento de las golosas no era políticamente independiente, sino que constituía un grupo de condados integrados en el reino de León. En el siglo X se unifican los condados y toman autonomía frente al reino Leonés. Castilla pasó del feudo leonés al navarro en el siglo XI cuando fue hereda por Sancho el Mayor.
La expresión del nuevo reino de Castilla supone un avance del idioma, que iría ampliándose por las zonas conquistadas. La oficialización del castellano se produce bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, quien al promocionar su uso para documentos jurídicos y oficiales y al impulsar traducciones del árabe y del Latín al castellano, ayuda a darle categoría de lengua escrita.
En la primera mitad del siglo XV se produjo un leve retroceso del castellano debido al auge del Humanismo, consolidando nuevamente el Latín y considerando al castellano como una lengua vulgar. A fines del XV se realiza la unificación de los reinos de Aragón y de Castilla, fortaleciendo la hegemonía lingüística del castellano en la Península.
Durante las siglos XVI y XVII el castellano adopta su asentamiento idiomático tanto en vocabulario, pronunciación, ortografía, siendo este período renacentista y barroco donde se forja la redacción del las gramáticas castellanas( la de Nebrija fue pionera), se desarrollan los estudios sobre el idioma ( destaca el interés por el refranero), y la redacción de los diccionarios( Tesoro de la lengua Castellana, escrito por S. Covarrubias).
En 1713, y como resultado de este proceso, se funda la Real Academia Española; no es casualidad que esta fase de madurez coincida con los siglos de hegemonía política Española.

El Castellano presenta una seria de dialectos:

Asturiano-Leones: Es un antiguo dialecto hispano romance.
Aragonés: Tambien dialecto hispano romance
Andaluz: Tiene dos variantes, una occidental y otra oriental. Se opone al castellano en una serie de caracteres que comprende una parte , la entonación más variada y el tono más agudo que el castellano. Entre sus rasgos más definitorios : La aspiración del H, el ceceo y el seseo, el seseo está admito por la RAE, mientras el ceceo se tiene por más inculto.
Extremeño: Posee una fuerte aspiración en la f, h, s. Coincide con muchos rasgos del Leonés y del andaluz, ( seseo, ceceo, confusión de l y r)
Murciano: Recibe influencia del aragonés, catalán y del andaluz. Mantiene alguna consonante sorda intervocálica, conserva el ceceo y el seseo, yeísmo.
Canario: Mantiene los rasgos andaluz; ceceo, seseo, yeísmo

Otras hablas más locales


El burgalés, el soriano y el riojano.


En el curso de los últimos siglos el castellano ha ido recibiendo influencias de otros idiomas; italiano, ingles, francés, pero ello no ha podido quitarle la fuerza regente en el plano tanto del contenido como de la expresión a nuestra lengua, es más, se ha ido enriqueciendo progresivamente llevándola a una constante evolución y viveza.


Un ejemplo de dialecto.
El Murciano porque soy de Murcia.





Murciano:

La cuestión jué, que un sabao por la tarde iba yo mu retranquilo por dezaga del treato Romea, con mi burriquia por delante, cuando sentí que emprencipió a llamarme u ntio mu alto y mu feo, con una porra de guindilla en la cabeza. Yo entonces me escondi la pienciquia bien escondita en la centura, po si acaso me la quitaba, aunque no habia rascao con ella ni una  chispa por denguna calle; metí las dos ansas del capazo por esta muñeca pa no soltarlo tan ainas y haciéndome el desimulao, emprencipié a guiscarle a la burra pa que corriera mucho, temiendo que me zamparan en las arrecojías con garga y tó, que no es la primera vez que han pagao justos por pecaores.

Oris: vida huertana
 Murcia

Francisco Gómez Ortín

UNIVERSIDAD DE MURCIA

PREÁMBULO

Se entienden por dialectos las variedades que una lengua presenta según las distintas regiones
en que se habla. En España, los principales dialectos de la lengua española son el andaluz, el extremeño, el murciano y el canario. Pero las diferencias con respecto a la lengua general son mayormente de pronunciación, y escasas las que atañen al vocabulario, a la morfología y a la estructura sintáctica. Por eso, para algunos, más que de dialectos, se trata de modalidades de habla del idioma español. Este no se habla de modo idéntico en todas las regiones y comarcas, ni se habla igual en el campo que en la ciudad, ni tampoco en las capitales hablan de manera igual los distintos
grupos sociales. Pero, este fenómeno es normal en todos los idiomas, y no afecta en modo alguno
a la unidad de la lengua. La unidad de un idioma se patentiza en el habla de las personas cultas. En este nivel, es evidente la uniformidad del español en todo el país. Los españoles cultos (sean castellanos, gallegos, vascos, catalanes, andaluces o murcianos) hablan una misma lengua española —el español común o general—, exenta de particularidades de cada región.

En el este español común o normalizado el que ordinariamente se entiende por lengua española, y es el que usan los libros y los medios de comunicación (prensa, radio y televisión).
Las modalidades de la lengua española hablada en cada una de las naciones y regiones
donde es oficial, sólo tienen importancia en los niveles popular y coloquial, no así en el culto.





¿Por qué se habla el Murciano?

El reino moro taifa de Murcia fue incorporado al de Castilla mediado el siglo XIII, en 1243-44.
Pero, en 1260, una sublevación de los mudéjares obligó a Alfonso X, embarazado en guerras intestinas castellanas, a solicitar auxilio a su suegro Jaime I de Aragón, quien acudió presto a sojuzgar a los levantiscos. Su eficaz intervención sería pagada con el establecimiento de muchos colonos aragoneses y catalanes en tierras de la región.
Años después, Murcia fue ocupada, casi en su totalidad, por Jaime II de Aragón (1296),
el cual no la restituyó a Castilla hasta 1305. De aquel período, en que obviamente se
incrementaría la inmigración aragonesa-catalana, escribió el cronista catalán R. Muntaner la
hiperbólica frase de que en la ciudad de Murcia se hablaba “pus bel catalanesch del mon”. Tales circunstancias históricas y la vecindad de Valencia han determinado influjos idiomáticos bien perceptibles. Pese a los monumentales mojones del Reino, aún enhiestos, que separaban los reinos de Aragón y de Castilla en Beniel y el Siscar, las mutuas relaciones entre los habitantes de la vega del Segura han sido siempre constantes, intensas y cordiales. Por encima de fronteras históricas movibles, ha prevalecido la comunicación humana, dada la comunión de intereses agrícolas entre todos los que cultivan las tierras regadas por el Segura.  El flujo de las migraciones humanas o repoblaciones durante la Reconquista es la clave que lo explica todo. El primitivo impulso norte-sur, con sus altibajos, es permanente hasta la conquista del reino de Granada (1492). Pero hay más. A lo largo del siglo XVI los varios ESTUDIOS SOCIOLINGÜÍSTICOS DEL DIALECTO MURCIANO 13
levantamientos de los mudéjares, aplastados en breve, provocan duras represalias y destierros masivos con el consiguiente despoblamiento, vacío que ha de cubrirse con nuevos repobladores tras cada rebelión. Lógicamente, los más próximos, los murcianos, irán a repoblar tierras granadinas. Operación que se repetirá, a mayor escala, concluida la guerra de las Alpujarras (1570), y nuevamente al finalizar la expulsión de los moriscos (1613).
De este modo, el habla murciana se ha ido configurando sobre la base del castellano,
influido por los sustratos árabe, mozárabe, aragonés, catalán y valenciano. Hasta el folclore viene a corroborar la historia. Los tambores de Calanda o Puebla de Híjar son trasplantados a Moratalla y Mula, vía Tobarra o Hellín. Ese es precisamente el camino que siguen muchos
vocablos aragoneses, llegados a Murcia a través de la Mancha oriental (Cuenca y Albacete). Por ejemplo, el alajú, ese extraño término, doblete del árabe alfajor, y nombre de un dulce típico de Cuenca, que también lo es de Moratalla, a donde objeto y nombre habrían sido importados, con toda seguridad, por conquenses.
Un capítulo importante en la conformación histórica de Murcia, lo constituyen los
enclaves de Órdenes Militares, tan extensos en el antiguo Reino de Murcia. La de Santiago fue la orden militar que mayor protagonismo tuvo en la conquista de Murcia, en la persona de su maestre Pelayo Pérez Correas, brazo derecho del príncipe y luego rey Alfonso el Sabio; y de ahí, que fuera la más agraciada con encomiendas y posesiones heredadas en Murcia. Nótese que la sede del gobierno de ésta se hallaba en el gran monasterio de Uclés (Cuenca), de donde dimanaban órdenes y decretos, y en cuya tierra es de suponer se reclutaría el mayor contingente
de colonos y soldados para sus propios territorios murcianos. También las Órdenes del Temple, Calatrava y San Juan de Jerusalén heredaron tierras en el Reino de Murcia, si bien en menor proporción. Caravaca fue del Temple, pasando luego a Santiago; Calatrava poseyó Abanilla, y San Juan obtuvo Calasparra y Archena. Santiago fue con mucho la que más propiedades acumuló, pues, aparte de Santiago de la Espada y Segura de la Sierra en Jaén y Yeste, Nerpio y Socovos en Albacete, tuvo tres encomiendas en el territorio hoy murciano, a saber, Caravaca con Cehegín y Bullas, Moratalla, y Aledo con Totana.
Es inimaginable el constante trasiego de gentes de todas las latitudes peninsulares y de
allende el Pirineo, que vinieron a afincarse en este país fronterizo, sujeto, hasta 1492, a los
vaivenes de la fortuna bélica, favorable o adversa. Si a esta avalancha de pobladores añadimos la presencia de los mudéjares y judíos en sus numerosas aljamas, tenemos una Murcia medieval convertida en abigarrado ensamblaje de razas y culturas.
En aquel explosivo y belicoso ambiente hubo de fraguarse el dicho, tenido por
denigrante, que se nos cuelga a los murcianos: “Mata al rey, y vete a Murcia”, como si aquí se viviera sin ley al estilo del oeste americano. Hay quien lo dice para ofender o insultar, porque ignora lo que significa esa frase; y hay murciano que, a su vez, se ofende, porque tampoco conoce su significado. Ningún murciano ha cometido regicidio ni siquiera conato, que se sepa. Antes, por el contrario, es un timbre de gloria saber que ese proverbio se acuñó partiendo de una realidad  histórica: la lucha intermitente en la frontera murciano granadina era tan dura y arriesgada, que allí podían redimirse penas, incluso las mayores, si se servía al rey en los castillos fronterizos, como el de Jiquena, cuyas impresionantes ruinas aún se yerguen retadoras frente a Vélez Blanco.
Recapitulando, el caso de nuestra habla es único entre los dialectos peninsulares. En
Murcia convergen y confluyen ambas lenguas romances, castellano y catalán, produciéndose una curiosa y honda fusión. Castilla y Aragón se encuentran y entrechocan en Murcia. El potente avance aragonés se ve frenado por Castilla, que se adelanta y ocupa Murcia. Pero, a la vez,F. GÓMEZ ORTÍN: «EL DIALECTO MURCIANO Y SUS VARIEDADES» 14
Castilla se ve obligada a pedir ayuda militar y pobladores a Aragón, lo que motivará el peculiar mestizaje de la Región Murciana.






¿Qué no hablamos? ¿Qué es el panocho?
Se trata de una modalidad literaria, un lenguaje artificioso y deformante, creado por escritores
murcianos sobre la base del habla huertana. Por supuesto que no todo el léxico panocho es
desechable, pues recoge muchos vocablos murcianos genuinos, aunque insertos en un contexto
degradante o chocarrero.
Nadie más autorizado para explicar lo que es el panocho que el gran poeta murciano,
que no panochista, Vicente Medina. En 1933 grabó para el Archivo de la palabra este
testimonio: En mi tierra se cultivaba un lenguaje llamado panocho, lenguaje de soflamas carnavalescas, que imitando el habla regional, la ridiculizaba con acopios de deformaciones y disparates grotescos, me indignaba por eso este panocho. Tal indignación engendró mi ansia de reivindicar el lenguaje de mi tierra, que no era, ni es otra cosa que un castellano claro, flexible y musical, matizado con algunos provincialismos de carácter árabe, catalán y aragonés. En toda la región murciana y en parte de la de Albacete, Alicante y Almería, tierras linderas, se habla tanto por la gente fina, como por la gente del pueblo, tal como yo hablo en mis Aires Murcianos.
En Murcia, la estructura morfológica y la construcción sintáctica son iguales que en todo el
dominio del español. Por lo tanto, podemos aseverar que en esta región se habla el español
murciano. Esto que para algunos pudiera ser una decepción, para la inmensa mayoría de los
murcianos es motivo de orgullo, al saber que hablamos la gloriosa lengua del pasado, la pujante ESTUDIOS SOCIOLINGÜÍSTICOS DEL DIALECTO MURCIANO del presente y la universal del futuro. Tal realidad lingüística conlleva, además, dos grandes ventajas prácticas de inestimable valor, pues, en primer lugar, el problema de la diglosia no romperá nunca la convivencia en nuestra región, y segundo, los colegios podrán dedicar al estudio de lenguas extranjeras, hoy tan necesarias, miles de horas, las mismas que otras autonomías han de consagrar al aprendizaje de sus lenguas vernáculas.

Personalidad histórica de Murcia

Es alucinante enterarse de que algún catedrático universitario sabihondo le niega a Murcia la
personalidad o identidad regional, y que exista, por consiguiente, una conciencia regional. Y es
que podrá haber calado más o menos el sentimiento popular autonómico; pero la realidad
histórica es un hecho verificable e innegable. Un somero repaso a la historia nos permite
comprobar lo que es evidente. Nadie podrá negar que Murcia fue un destacado reino moro
independiente, y que así pasa a integrarse en el Reino de Castilla. Pero no quedó diluida y
absorbida en Castilla, sino que conservará siempre intacta su personalidad, manteniendo su
idiosincrasia y su impronta originalisima de ser frontera, cuña, tránsito y crisol entre Aragón y
Granada.
Los monarcas castellanos, y ya desde los Reyes Católicos, los Austrias y los Borbones
hasta el siglo XIX, al expedir documentos reales los encabezan con una prolija retahíla de los
títulos históricos que poseen, entre los cuales siempre mencionan el de rey de Murcia, aunque ya
más bien denote división administrativa.
Aún más. Si nos remontamos a las primarias de la dominación árabe en España,
comprobamos que nuestra región (el sureste, antes de fundarse Murcia) es la única a la que los
árabes conceden especial autonomía, que duraría unos sesenta años, llamándola Bilad Todmir
‘País de Todmir’; y esto, muchos siglos antes de que sonaran las denominaciones de Paisos
Catalans o el País Vasco, que hoy tanto se prodigan.

ESTUDIOS SOCIOLINGÜÍSTICOS DEL DIALECTO MURCIANO 27



J. Mª. SOLER GARCÍA: Diccionario villenero. Villena 1993.

M. TORREBLANCA ESPINOSA: Estudio del habla de Villena y su comarca. Alicante 1976.

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A. ZAMORA VICENTE: Dialectología española. Madrid 1985.

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